viernes, 16 de junio de 2017

Diario de Cádiz, siglo y medio informando


Federico Joly y Velasco, fundador del
Diario de Cádiz
Tal día como hoy de hace 150 años, un domingo 16 de junio de 1867, salía a la calle el primer número de Diario de Cádiz, decano de la prensa andaluza y uno de los más antiguos de España. Un periódico que nacía con el propósito de convertirse en referente de la prensa local y provincial, al servicio de los intereses de la ciudad, independiente e informando a los gaditanos con noticias nacionales y extranjeras, además de otras informaciones y anuncios, como rezaba en su cabecera: Diario de Cádiz y su Departamento. Periódico de noticias nacionales y extrangeras, mercantil, literario y de anuncios. Su fundador fue Federico Joly y Velasco, hijo de un militar francés, llamado Carlos Joly, integrante de los Cien Mil Hijos de San Luís, ejército francés que había invadido España en 1823 para restablecer en el trono absoluto a Fernando VII, llegando hasta Cádiz para liberar al rey, donde se encontraba traído por los liberales, los cuales fueron derrotados por los absolutistas, poniéndose fin de esta manera al Trienio Liberal.
Federico Joly empezó a trabajar muy joven en la imprenta gaditana de la Revista Médica, de la que llegaría a ser propietario, situada en la calle de la Bomba, hoy Ceballos, donde Diario de Cádiz tendría su sede, aunque los primeros números se editaron en la cercana imprenta de Luque, en la confluencia de las calles Bendición de Dios y Enrique de las Marinas.
Con Federico Joly se iniciaba una dinastía en la dirección y gerencia del Diario que, de padres a hijos, se ha mantenido hasta nuestros días, convertido hoy en el Grupo Joly, el primer grupo editorial de Andalucía, del que también forman parte Diario de Jerez y Europa Sur de Algeciras, así como diarios en Sevilla, Huelva, Málaga, Córdoba, Granada y Almería.

Primer número del Diario de Cádiz, publicado el 16 de junio de 1867

sábado, 13 de mayo de 2017

Los Cádiz del mundo

Ruinas de Nueva Cádiz, en la isla de Cubagua, frente a la
costa venezolana
Durante el descubrimiento y colonización del Nuevo Mundo, los conquistadores españoles y europeos bautizaban con frecuencia los nuevos asentamientos que iban fundando con los nombres de los pueblos y ciudades de donde procedían. Con el nombre de Cádiz se bautizó un asentamiento que se fundó en la isla de Cubagua, en la costa de Venezuela, a principios del siglo XVI, por un navegante italiano al servicio de la Corona española, llamado Giacomo Castiglione. Conocida en un principio como Santiago de Cubagua, por el nombre de este marino,  Carlos I de España la elevaría a la categoría de ciudad en 1528 llamándola Nueva Cádiz, siendo la primera ciudad española que se fundó en América del Sur. Tanto la Ciudad como la isla en que se asentaba tenían una riqueza natural que atrajo a numerosos comerciantes y aventureros deseosos de hacer fortuna: las perlas, un negocio que permitió un rápido crecimiento de la población, compuesta fundamentalmente por españoles, indios y esclavos negros. 
Isla de Cubagua, donde estuvo situada Nueva Cádiz
Para la extracción y explotación de las perlas se utilizó a los indígenas, denunciando el dominico español Fray Bartolomé de las Casas las duras condiciones de vida a las que se sometió a la población nativa para la obtención de tan preciado producto, lo que fue causa de revueltas y de la misma destrucción de la ciudad, hecho que obligó a los españoles allí establecidos a abandonarla. Vueltos un tiempo después, reconstruyeron la ciudad y continuaron con el floreciente negocio. Pero el agotamiento de las perlas y el descubrimiento de nuevos yacimientos en otros lugares hizo que, finalmente, fuese abandonada la ciudad, asolada, además, por maremotos, huracanes y el ataque de piratas ingleses y franceses, despoblándose hasta quedar convertida en un montón de ruinas, que es lo que hoy queda de la antigua ciudad gaditana venezolana.
Grabado antiguo de Cádiz filipina
Otro Cádiz se encuentra en las Islas Filipinas, la antigua colonia española del sudeste asiático, concretamente en la provincia de Negros Occidental. Se desconoce cuál es el origen del nombre, siendo en la actualidad un puerto bien situado con un población de unos ciento cincuenta mil habitantes.
Curiosamente, es en EE.UU. donde más Cádiz se encuentran, concretamente en los Estados de Ohio, Kentucky, Wisconsin, Indiana y California. Son todas ellas poblaciones pequeñas, destacando la Cádiz de Ohio, que tiene como curiosidad ser el lugar de nacimiento del conocido actor norteamericano del siglo pasado Clark Gable. Como en el caso de Filipinas, se desconoce el origen de estos Cádiz, máxime en una zona donde no hubo colonización española, excepción hecha de California. En Wikipedia se puede consultar datos acerca de su posición geográfica exacta y su población.

Cádiz (Ohio, EE.UU), donde nació Clark Gable

domingo, 19 de marzo de 2017

Cádiz, cuna de la libertad

Monumento a la Constitución de Cádiz, construido con motivo de su
 primer centenario
 

Tal día como hoy de hace 205 años se promulgaba la primera Constitución política de la nación española, la de 1812, o la Pepa, como popularmente fue conocida por ser día de San José, un texto que recogía los derechos y libertades de los españoles de la época, culminando de esta forma la labor de las Cortes Generales y Extraordinarias, inauguradas un año y medio antes en la vecina Isla de León, actual San Fernando, el 24 de septiembre de 1810 y que, trasladadas a Cádiz unos meses después, se reunirían en el Oratorio de San Felipe Neri, convertido para la ocasión en sede del Congreso de los Diputados. Fue un proceso revolucionario, influido por el pensamiento político de la Ilustración, que pretendía acabar con el régimen absoluto e instaurar un régimen liberal, basado en principios tan novedosos como la soberanía nacional, la separación de poderes y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, aprobándose medidas tan importantes como la libertad de imprenta, que suprimía la censura previa, la abolición del régimen señorial o la supresión del tribunal de la Inquisición.
No era casual que este acontecimiento político de tanta trascendencia en la historia de España y de Latinoamérica tuviese lugar en Cádiz. Aparte de la extraordinaria situación política que vivía el país, invadido por una potencia extranjera y sumido en una cruenta guerra de Independencia, con solo dos ciudades, San Fernando y Cádiz, como único territorio nacional libre de invasores franceses, en la capital gaditana se daban las circunstancias que dieron lugar al nacimiento de la Constitución liberal, existía el caldo de cultivo que la hizo posible.
La ciudad había alcanzado un alto grado de prosperidad económica gracias al comercio con las colonias americanas, que había permitido establecerse en la ciudad importantes colonias de comerciantes y burgueses de distintos países, atraídos por la actividad comercial de su puerto, sobre todo a raíz del traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz en 1717, con el consiguiente monopolio de ese comercio.
Pero por su puerto no solo entraban o salían productos y mercancías; también llegaban gustos, modas y las nuevas ideas y aires de libertad que habían ido arraigando en Europa a lo largo del siglo anterior, y que, poco a poco, los gaditanos fueron adoptando como propios.
Durante la celebración de las sesiones de las Cortes, Cádiz era una hervidero político. En la calle, en las casas, en los cafés, en las tertulias, no se hablaba de otra cosa que de la situación política, de los discursos de los diputados o de las medidas aprobadas, de todo lo cual se hacía eco la prensa, liberal en su mayor parte y de gran protagonismo en la ciudad, informando a la población gaditana. El pueblo, además, podía asistir a las sesiones en las tribunas existentes en San Felipe Neri, y allí aplaudir o abuchear las intervenciones de los diputados, manifestando, así, su aprobación o desacuerdo con sus discursos, prueba del nivel de libertad existente. Y todo esto mientras que desde el otro lado de la bahía los franceses sitiaban y bombardeaban la ciudad con sus cañones, pero haciendo tan escaso daño, por la distancia existente, que los gaditanos se tomaban los bombardeos a guasa, como recuerdan letrillas como éstas: Con las bombas que tiran los fanfarrones se hacen las gaditanas tirabuzones....
La Constitución de 1812 marcó, pues, un antes y un después en la historia de España y su influjo se hizo sentir en otras Constituciones de Europa e Hispanoamérica. Por ello, Cádiz es y será siempre recordada por ser la cuna de la libertad.

jueves, 16 de febrero de 2017

Goya en Cádiz

La multiplicación de los panes y los peces
Francisco de Goya y Lucientes, pintor zaragozano que vivió entre los años 1.746 y 1.828, es, sin lugar a dudas, uno de los grandes genios del arte, no solo español, sino universal. Su obra marca un antes y un después en la historia de la pintura, pues fue un precursor de los distintos movimientos artísticos y de las vanguardias que se desarrollarían a lo largo de los siglos XIX y XX. Su mayor legado consiste en habernos transmitido como nadie la verdad de una época y de una España trágica, y hacerlo de una forma sorprendentemente moderna, casi como de reportaje o crónica periodística, contándonos con su pincel de una forma satírica la sociedad de su época, o la brutalidad de la guerra, o las miserias y grandezas de esos personajes de la realeza, de la aristocracia o del pueblo llano, todos ellos admirablemente retratados.
Junto a esos retratos magistrales que Goya realizó como pintor de Cámara de la Corte, de políticos y de aristócratas, su obra sobresale por las distintas series, tanto en pintura como en grabado, que realizó a lo largo de su vida, como los cartones que pintó para la Real Fábrica de Tapices de Madrid, la colección de aguafuertes Los Caprichos, cuadros como Los fusilamientos del 3 de mayo o los Desastres de la guerra, verdadero reportaje gráfico de la guerra de la Independencia, los grabados de la Tauromaquia y los Disparates, y las Pinturas negras, con las que decoró su casa de la Quinta del Sordo de Madrid. Obras todas en donde se refleja la genialidad y la originalidad del pintor aragonés.
La Santa Cena. Llama la atención la curiosa disposición de
los apóstoles, recostados o tendidos en el suelo
Afortunadamente, Cádiz conserva una pequeña pero interesante muestra del arte de Goya, tras la visita que realizó a la ciudad en dos ocasiones en los años finales del siglo XVIII. En febrero de 1.793, el pintor se trasladaba a Cádiz procedente de Sevilla, para ser atendido de una grave enfermedad que había contraído por los médicos gaditanos, considerados los mejores de España, gracias a la existencia allí del Real Colegio de Cirugía de la Armada, establecido en la capital gaditana desde hacía varias décadas. Se cree que la enfermedad que padeció pudo ser saturnismo, causada por el alto contenido en plomo de los pigmentos que utilizaba; aunque consigue recuperarse, le quedará como secuela una sordera de por vida. El pintor se había alojado en casa de un amigo suyo, de  nombre Sebastián Martínez, un comerciante riojano instalado en la ciudad, que, además, era un ilustrado amante de las letras y las artes, el cual poseía en su casa una gran biblioteca y una importante colección de obras de arte. De este personaje se conserva un retrato pintado por Goya que le hizo durante su estancia en Cádiz, y que se conserva en un  museo neoyorquino.
La parábola de la boda del hijo del rey
Años después, en 1.796, realiza un segundo viaje a Cádiz, posiblemente por una recaída en la enfermedad, mientras se hallaba en Sanlúcar de Barrameda con la duquesa de Alba, haciéndole retratos y dibujos, y con la que, al parecer, mantenía algún tipo de relación. En esta ocasión, el sacerdote José Sáenz de Santamaría, Marqués de Valde-Iñigo, promotor de la construcción del Oratorio de la Santa Cueva, auténtica joya del arte neoclásico, le encargó una serie de pinturas para decorar la capilla alta del mismo. Son tres lienzos de asunto religioso, un tema escasamente tratado por el pintor y no muy conocidos del gran público: La multiplicación de los panes y los peces, La Santa Cena y La parábola de la boda del hijo del rey, elaborados con una técnica muy moderna, a base de pinceladas sueltas. Junto a estas obras, hay otras dos: Las bodas de Caná y La recogida del maná, de Zacarías Velázquez y José Camarón, respectivamente. Son, pues, un conjunto de cinco lienzos dedicados a la Eucaristía, sacramento al que está consagrado la capilla. Las pinturas de Goya fueron sometidas hace unos años a un proceso de restauración en el Museo del Prado de Madrid.

Francisco de Goya. Autorretrato. 1.795.
Museo del Prado

La Santa Cueva de Cádiz. Se puede observar dos de los lienzos de
Goya, de forma semicircular, sobre las puertas situadas a ambos
lados del altar
 
Sebastián Martínez y Pérez, óleo de Goya. 1792.
El pintor estuvo alojado en su casa mientras
permaneció en Cádiz.

jueves, 19 de enero de 2017

Tricentenario del traslado de Sevilla a Cádiz de la Casa de Contratación


Logotipo del Tricentenario
Este año se celebra el tricentenario del traslado a Cádiz desde Sevilla de la Casa de Contratación de Indias, hecho de enorme trascendencia para la ciudad, pues convertiría a Cádiz y su bahía en centro neurálgico del comercio con América, como hasta ese momento lo había sido Sevilla, al controlar y monopolizar todo el tráfico comercial de España con sus colonias ultramarinas. Esto repercutió en todos los órdenes de la vida ciudadana, tanto económicamente, con el consiguiente aumento de la riqueza de la ciudad, como a nivel político, social, cultural y urbanístico. Gracias a ello, se considera el siglo XVIII como la época de mayor esplendor de Cádiz, excepción hecha, quizás, del Gades romano.
Para conmemorar el Tricentenario hay previstos diversos actos en los que van a estar implicadas instituciones públicas y privadas, con un papel protagonista de la Diputación Provincial, entre los que destacan conferencias, conciertos, exposiciones, talleres y visitas guiadas. El día uno de enero ya hubo un concierto de música clásica en el Palacio de la Diputación, y ayer tuvo lugar un acto promocional en la Casa de América de Madrid, además de su presencia en la Feria Internacional de Turismo que se celebra en la capital de España, en el stand de la provincia de Cádiz. Otro de los objetivos planteados con el Tricentenario es fomentar el comercio gaditano a nivel internacional, especialmente con los países iberoamericanos.
Palacio de la Diputación de Cádiz, donde estuvo ubicada la Casa de
Contratación de Indias y la Aduana
Haciendo un breve recorrido histórico, el traslado a Cádiz de la Casa de Contratación y Consulado de Indias se produjo por Real Orden de 12 de mayo de 1.717, reinando Felipe V, gracias a las gestiones del Secretario de Estado José Patiño y del almirante gaditano Andrés de Pes en favor del traslado. Esta institución se creó a principios del siglo XVI con el fin de regular y controlar todo el comercio con las Indias, permaneciendo su sede en Sevilla durante más de dos siglos. A dicho traslado, al que se opusieron las autoridades sevillanas, contribuyó de manera decisiva las favorables condiciones geográficas de la bahía gaditana y las dificultades cada vez mayores de navegación por el río Guadalquivir de buques de mayor calado. No obstante, desde un principio Cádiz tenía derecho a cargar un determinado número de naves con destino a América, habiendo aquí un representante de la Casa de Contratación que controlaba ese movimiento. A lo largo del siglo XVII, el tráfico comercial del puerto gaditano fue aumentando, hasta el punto de que en 1.680 ya podían salir y llegar flotas como en Sevilla, desplazándola, finalmente, y monopolizando todo el comercio de Ultramar durante el XVIII. Entre los productos objeto de este tráfico comercial, desde el puerto gaditano se exportaba aceite, vino, cereales, productos textiles y manufacturas y se importaba de las colonias tabaco, cacao, azúcar, además de llegar grandes cantidades de metales preciosos.
Vista de Cádiz a finales del siglo XVIII
Para acoger a la institución se construyó entre los años 1.764 y 1.784 el Palacio de la Aduana, actual edificio de la Diputación Provincial, por el ingeniero militar Juan Caballero, habiendo estado ubicada anteriormente en otros lugares de la ciudad.
Esta boyante actividad comercial favoreció el crecimiento de la población a lo largo de la centuria, pasando de los 40.000 habitantes que había al principio de la misma a los más de 70.000 de finales de siglo. Además de la población procedente de otras regiones españolas, aumentaron  los extranjeros residentes en Cádiz, dedicados fundamentalmente al comercio, destacando las colonias de franceses, italianos y flamencos. Esto contribuyó a un creciente cosmopolitismo de la ciudad, convertida, así, en una de las ciudades más importantes no solo de España, sino del conjunto de Europa.
Una de las principales consecuencias de esta época de prosperidad económica fue el gran desarrollo urbanístico de la ciudad. Se construyeron numerosas viviendas, se terminó de fortificar la ciudad con la construcción o la reforma de las murallas, se levantaron nuevas iglesias, algunas de ellas auténticas joyas artísticas, y se construyó una nueva catedral, además de otros edificios notables, como Valcárcel y la Diputación, ya mencionada. Hubo también un gran esplendor cultural, manifestado en la afición al teatro y a la ópera del publico gaditano, a diferencia de lo que ocurría en el resto del país, así como a las corridas de toros. Destacó, igualmente, la creación del Real Colegio de Cirugía de la Armada en 1.748, obra del médico catalán Pedro Virgili.
En el año 1.790 se suprimía la Casa de Contratación, que ponía fin al monopolio gaditano sobre el comercio ultramarino, aunque la liberación de éste ya se había producido algunos años antes con la aprobación en 1.778 de un decreto que permitía a otros puertos españoles comerciar también con América. Terminaba, así, un siglo dorado económica y socialmente para Cádiz, y se iniciaba otro, el XIX, convulso y de gran protagonismo político de la ciudad.